martes, 28 de agosto de 2012

carta III



ay del alma que alberga en si el feroz destino de las peregrinacionesdecía Hölderlin en el Hiperión 

no más que caminos extendiendo los horizontes a cada instante, y libros y notas 
para no saciar jamás esta sed de absoluto a cada instante
presto a un año con libros, lecturas y proyectos pero lo imprevisible mismo no?
la vida, como un asaltante presto en una esquina
la devastación no descansa
uno grita mucho mientras le dura esta piel.

pd: besos a P
pd2: una canción que escuchaba en la adolescencia, del grupo The Police decía 

"mis hermanas y yo tenemos este deseo antes de morir 
y puede sonar extraño, como si nuestra mente estuviera trastornada 
por favor, no nos preguntan por qué bajo el cielo protector 
tenemos esta extraña obsesión, usted tiene los medios en su poder 


queremos nuestro té en el sahara con usted
queremos nuestro té en el sahara con usted "


Javier Galarza






habremos cantado así toda la tarde, hasta que la hermana rompe en la rompiente para hacerse oír, rompe a usted en la rompiente y oye las primeras notas del té sobre las aguas del mar que arroja sobre el al agua que arroja sobre mi. la hermana está despierta y pregunta por el té, los futuros baños. sabrá la tarde aunque extraño y sabrá. haber llegado para denunciar la sal, si la arena , si las próximas notas, sin nada qué decir

                                                                                  que agregue al mar una gota de té.

Los arrojaron a todos.

Los arrojaron a todos. Su feroz rosa pegado como nunca antes a la vida.
Raúl Zurita, INRI.





fotos tomadas en el
Museo de la Memoria y los Derechos Humanos de Santiago, Chile.



carta II






PD: agrego una foto de mis hermanas y yo. no sé si te hablé de ellas. depende la época somos tres, a veces cuatro y muy extrañamente una. siento que este invierno voy a ser una en las demás.

carta I



foto tomada en el
 Desierto de Atacama, Chile
desde la cama, con las amigas entrando al sueño, P lee Houellebecq , A lee un libro de entrevistas a poetas chilenos que compró en santiago cuando todas hablábamos con el librero de que por qué se había venido a vivir a chile si en españa estaba tan bien y de nuevo la frase "es que acá son más cálidos", B está en el baño, supongo que no leerá nada esta noche, supongo que estas noches no leyó. B lee muchas guías de viajes y mapas donde se señalan todas las rutas de chile, el costo de los peajes, la cantidad de kilómetros, los lugares dónde cargar nafta cuando el desierto asoma y parecen ser la última oportunidad para el último tirón del camino.

ayer en la playa a P le picó una abeja. las abejas de las playas de laguna verde en las afueras de valparaiso se dividen en dos especies. unas se llaman chaquetas amarillas y las otras no me acuerdo el nombre, pero son más mansitas y solo pican con el aguijón, y al hacerlo, mueren. en cambio, las chaquetas amarillas pican doble, porque parece que lo hacen con la boca- acá dicen que son carnívoras- por eso te dejan dos puntos rojos como las arañas cuando dan el mordiscón. 

cuando nos levantamos, mientras te escribía y todo eso, paz nos mostró la pierna. tenía una aureola roja sobre otra más chica y más oscura. dijo que le picaba un poco y que ya sabía que a ella le pasaban esas cosas con las abejas porque en una plaza de parís había pisado a una abeja africana con el pie y estuvo como dos semanas con todos los dedos hinchados y duros, igual igual a como tenía para ese momento del día la pierna atacada por la chaqueta amarilla.  después nos olvidamos del tema, recorrimos valpo, vimos de afuera "la sebastiana", la tan nombrada casa de Don Neruda- a mi entender: puro fetichismo, es discutible, yo sé- y para cuando estábamos bajando por una de las tantas calles grafitiadas de los paredones de chile, paz dijo que le dolía mucho y nos fuimos directo al hospital.

el hospital de valparaiso se llama algo así como "Carlos Berun", desde afuera es parecido al hospital clínicas.

la sala de enfermos graves con sus camillas blancas y las pieles negras arriba. hombres viejos. lesiones en las caras y los cuerpos de las pieles negras sobre las camillas blancas. delantales blancos yendo y viniendo por todo el hospital. uniformes verdes- los carabineros andan no solo por las calles y todos los lugares públicos imaginables, sino que entrometen su presencia verde musgo también en el medio de la enfermedad- el espacio más íntimo, supongo, que esa gente habrá de tener- por eso, desde el pasillo del hospital carlos berun, se veían los trajes verdes fijos en las puerta de la sala sobre el paso continuo de los delantales blancos siempre excelentísimos, y la quietud mohosa sostenida por el leve movimiento de la podredumbre de las pieles negras - amadas pieles querido mío- sobre las camillas otra vez blancas, otra vez radiantes, otra vez últimas. 

esa escalada de finales asoma en todo el hospital. la sala de mujeres graves me pareció menos literal que la de los hombres. parecían simular su estadía; hacerse el cuerpo de enfermas para saber al menos una noche a dónde ir.

después de casi dos horas de espera y un pronóstico de por lo menos tres más, nos fuimos a la clínica privada valparaiso. apenas entramos compramos cuatros cafés con leche, más leche que café y nos sentamos frente a una pantalla plana enrome que trasmitía una novela colombiana. aún así, aún habiendo visto salas de pieles  negras sobre blanco,  miramos la novela hasta que el médico llamó y preguntó por la hermana que ahora duerme al lado mío, como todas las hermanas que uno puede tener en vida, ya tranquila por la pequeña dosis de corticoides recetada.

ahora, desde la cama, con las amigas entradas al sueño escucho los ruidos nocturnos. Amueve los pies, se da vuelta y hace algo con la boca. P y B parecen mudas, aunque cada tanto se rascan la nariz o se tapan o se destapan un poco. yo tecleo. suena tan cercano a creer. yo te tecleo, quizá sí, como un acto de creencia.

te dejo el sueño para vos. no hay acantilados. extraño el ruido de mar, tanto como para querer llorar por eso aunque no tenga sentido. ayer nos despedimos de esas rocas vivas de la tierra muda, y no supe qué decir, qué decirle al mar vivo de mi roca muda, qué decir que no fuera llenar lo que estaba vacío.

tibio a vos. todo esto.




Kouros





Kouros, estatuas mellizas de carácter viril.  Provienen de los restos del sitio de Delfos. Son los hermanos que llevaron a su madre a tiro hasta el estadio olímpico a ocho kilómetros de distancia.


No no no. perdón. Esta imagen es un Kouros pero no la que acabo de nombrar. La imagen de la estatua con una pierna menos es el Kouros de Samos, una estatua de 5 metros de altura que está en el museo arqueológico, no de Delfos, sino de Samos.











los cristianos les picaron los huevos, los testículos, el pene. 
así parados, como están.
el cristiano les picó los huevos, los testículos, el pene.
 así parados. ya no.
cristiano les picó los huevos, los testículos, el pene. así parados.
inexpresivos.
ya no. 
ya. no
¡inexpresivos, cristiano!
inexpresivo cristiano ya no.
están.