domingo, 2 de septiembre de 2012

¿si nunca una fiebre cómo podríamos, cómo?


                                              



rusia. estoy de acuerdo en enterrar los ojos ahí. el él alejándose del ellaMarina amó a Rilke por carta. él, a ella, posiblemente igual, aunque quizá hubiera sido esa la única manera de amarla. ¿amaba Rilke a las mujeres? ¿pudo amarlas? ¿abrirlas? ¿sorber?. de repente tengo unas ganas eufóricas de filmar parcelas de palabra en tiempo. el ascensor de tu casa me da ideas. evadí la fiebre con ibuprofeno. 600 miligramos hace media hora. puedo teclear mientras la fiebre se va y quedo muerta y roja en la cama. ¿si nunca una fiebre cómo podríamos, cómo? estoy de acuerdo en rusia, en las cartas, en la mujer de él y en cada él que a su rusia, a su carta y su mujer. admito que la triada me fascina. la enumeración de tres elementos se repite para hacerme entender algo. quiero poner en el medio de vos y yo parcelas de palabra en tiempo. ¿me seguís? contamos con rusia. de todas prefiero las cartas de Tsvetáieva. espero tu Mandelstam amor, para pincharte, como marina a ossip queriéndose así, diciendo abejita, abejita para los perros que mataban. no podemos forzar el hambre. ¿vas a hacer chistes? ¿voy a poder reír? Modigliani era un tipo serio decía Ajmátova, de espíritu elevado. ¿qué perdemos por cuidarnos tanto? quiero hacerte una cama esta noche y darte mi fiebre y que me quieras por eso. no hay recompensa. pero tampoco quién nos saque.




y es simple la suma que da una casa


foto tomada desde un balcón de Santo Domingo,
República Dominicana
por Neil

y es simple la suma que da una casa, más o menos, la casa da simple en esos numeros que van, y terminan, bajando terminan, no siguen para siempre donde están. lo sé, mientras pienso, hay un cable que dejé sin mano, este rato, te estoy contando lo que no se va, ni puede, ni tiene, absoluto, eso que llamamos un plan. una mano no descansa el rato que sostiene lo roto en donde duerme de nuevo, está viejo, eso que no llamo. el plan. 


ningún parado




en un corredor. donde el mundo. no recuerda estar de pie. ¿cómo puedo estar? así de lúcido como para el mundo. yo estoy sólo. y veo más importante que nunca esta aguja de pino. que se cae del mundo. ningún parado. y somos dos.