lunes, 17 de septiembre de 2012

Está la fruta a la mesa


por Lucía Rabey
Está la fruta a la mesa, no habla, no se echa a perder. J me pregunta:¿sabés que guardó Celan en su saco antes de arrojarse al Sena? Dos entradas para ir a ver Esperando a Godot. Su hijo Eric iba a acompañarlo, digo bien, su hijo, no Gisel, no Ingebord, sino su hijo. Aquel que aún vivía. Franz murió joven, antes que él, no lo esperó. Celan escribe su epitafio y lo hace poema. Está la fruta y las cáscaras se parecen a vos. Es una buena mañana, entiendo que nos vamos a ir, que es una buena mañana. La urgencia no es un mensaje, no se envía en un mensaje, la urgencia no se envía,  está en todo lo que no se escribe, en todo lo que no enviamos. Enviar es haber encontrado el aire que la urgencia quita. Decís te extraño. No hay un mensaje para eso, hay una vida para eso. Al morder la fruta, sobre su cáscara escribimos: te extraño, estoy alimentando mi hambre de nuez. Celan no se encuentra con Beckett en París, viviendo los dos en la misma ciudad, aún habiéndole dicho "usted es la única persona capaz de comprenderme".  Lo demás, no sé. Todavía no llueve encontra de todos los pronósticos. Es una buena mañana, hay fruta, vos no estás, puedo escribir.