jueves, 20 de septiembre de 2012

Medusa en la espada de Perseo






















El fundamento del por qué el racismo es un acto ejecutable y director de lo social
necesita ser pensado en un plano ontológicamente anterior al de la ejecución de los hechos. 

Es por eso que el racismo encuentra su fundamento en el modo en que opera siempre regulativamente la idealidad en una determinada sociedad. 

No existe el aquí y ahora de la idealidad, aunque todo aquí y todo ahora derivan de ella. 
La preexistencia de la que se habla no es causal, sino ontológica. 

No hay sociedad sin racismo, ni racismo sin violencia, 
ni violencia sin crueldad, ni crueldad sin idealidad.  

El racismo es el modo en el que por medio de la ejecución de la violencia, se lleva a cabo la insistencia cruel con la que la idealidad cobra viva voz en un nosotros incapaz de oír las sentencias de su grito. 

Escuchamos o percibimos actos de racismo y violencia, pero nunca percibimos 
de modo directo el plus de goce que la crueldad hace valer para sí 
restableciendo la idealidad fundadora de lo social. 






















Del femenino y masculino en el campo social:  
Espiral o Breve Notario 

        La crueldad se dice de muchas maneras.
        Una de ellas, habla con voz de mujer.
        Medusa es el rostro de mujer que volvía piedra a los hombres.
        El rostro de la crueldad es el rostro de la mujer. Ni una ni otra cosa existen.
        Perseo tenía la espada para ejecutar la mirada fulminante.
        Perseo era hombre.
        La espada de Perseo era también hombre.
        La violencia tiene el rostro de un hombre.  
      El pueblo lleva ese rostro. Hasta la tumba. 
      Agradecidos de poder vivir gracias a la espada de Perseo.
        El nombre del pueblo es Perseo.
        El desecho de un pueblo es Medusa.
        El pueblo le debe la vida a ella por eso, cortan su cabeza.
        Mirar a Medusa a través de un espejo ¿es ver a Medusa?
        ¿El pueblo solo mira el espejo que Perseo sostiene. 
       El pueblo es hombre. Solo admite la violencia.
         ¿Ve el pueblo a Medusa refractaria sobre las manos de Perseo?
        El pueblo solo mira la representación de la mujer y cree enamoranse de ella.
        El pueblo solo admite la representación de la mujer. 
      Nunca su carne. Solo su idealidad.
        Perseo ejecuta a medusa. Y da al pueblo sus derechos.
        Los hombres civiles aman la violencia que los constituye. 
       Aman a Perseo. Solo en el sueño juegan a ser piedra.
      El peligro es parte de la mujer, aunque su mayor crimen sea la inocencia.
      Medusa condenaba al frío de la piedra a los hombres que más amó
      Ellos no fueron héroes. 
      No sirvieron a la imagen de un pueblo que pedía ser representado. 
      Una vez piedra, el hombre ya no sirve. Declinación de la violencia. 
      Declinación de un pueblo. Medusa permanece vista en él.
      Medusa es mujer. Ama y olvida las consecuencias. 
      Por eso el pueblo le da el rostro de crueldad. 
      No hay figura para tal negligencia.
    Amor y crueldad. Otra vez el vínculo. Retorna. A ser dicho.
    Amor, mujer y crueldad. El hombre ejecuta primer a la mujer,
      luego al amor y cree haber sido lo suficientemente violento 
      para haber acabado también con la crueldad.
      La crueldad en el mundo es un hecho, no una explicación.
      El hecho es que la crueldad, como la mujer, si bien es ésta, 
       también no es ninguna.
      Esa falta de lugar designa la topografía de la violencia en acto.
      Los actos violentos son localizables. 
      Pueden ser venerados y castigados a la vez.
      Los actos crueles no tienen lugar, no se adulan, tampoco se castigan.
      Solo rigen el campo de fuerzas social.
      El pueblo los ignora, como ignoran a Medusa y la potencia de una sola mirada. 
      El pueblo ignora su muerte porque ignora  a la mujer
      La mujer es la muerte de cada hombre.
      Toda mujer es medusa, toda mujer es cruel.
      Sin representación, no habría pueblo.
      Sin la desviación de la mirada sobre la superficie del espejo.
     Perseo no hubiera sido el hombre lo suficientemente valiente, 
     lo suficientemente violento para fundar pueblo debajo de su espada.
      La violencia es hija de la crueldad y a la vez su verdugo.