miércoles, 10 de octubre de 2012

Carta XIX




























Estaba casi dormida, en los primeros síntomas del sueño justo cuando empieza a despejarse de los ojos el excedente de la realidad impresa absoluta en la retina. Estaba casi vacía, en la calma de permanecer así un rato más en la horas de mi sueño. Estaba sin voz y sin boca y no quería otra cosa que el silencio alegre del sepulcro.

Eran casi la cinco de la mañana,  suena el teléfono avisando el mensaje que acaba de llegar. Abro los ojos, me levanto, camino hasta el escritorio, leo. Digo algo en voz alta. Lo repito. Naturalmente no sé qué dije. Ahora pienso que solo cuenta la repetición, haberlo dicho sin oyente y haberlo repetido para mí que tampoco era capaz de oír. Probablemente sonreí, no lo sé con certeza porque a esa hora con tanta oscuridad, no alcancé el espejo para verme. Volví a la cama, me tapé. Agradecí el sueño, la interrupción, y el plazo para morir hasta el día siguiente. 

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Pienso si no es así como las cosas se ordenan y cobran relato;
una posible interrupción de alguien en la inanición silenciosa del sueño.  
Puedo decir que me interrumpís. 
Como Dios interrumpe el oro que tu mano pule. 
No me quejo, acepto obediente los cortes de mi yo 
que nunca sabe hasta dónde puede llegar la herida.  
Para no ponernos solemnes, cito al favorito Barthes:

"«...¿qué es lo que, en ese cuerpo amado, tiene vocación de fetiche para mí? ¿Qué porción, tal vez increíblemente tenue, qué accidente?... »   
(cita original: Blog Javier Galarza)


No me acostumbro a esta interferencia. 
A estos accidentes. 
A esta manera de llegar.
No creo que pueda apoyar mi cabeza, 
aún así, el sueño dura y escribe y violenta
mi almohada.









es una aguja. es una mano



(no es una aguja. es una mano en mi frente) 
(es una mano que acaricia las ideas en mi frente)
(es una mano)
(no es una aguja. amor, es una mano que comparto con vos 
y que acaricia mi frente y las ideas)
(es una mano en la frente)
(en las ideas)
(es una mano. no es una aguja)
(es solo una mano, 
en esta frente,
en esta idea
una tempestad)

Lo primero no es la plenitud del ser




Lo primero no es la plenitud del ser, sino la grieta y la fisura, la erosión y el desgarramiento, la intermitencia y la privación corrosiva; el ser no es el ser, sino esa falta de ser, falta viviente que hace que la vida sea inacabada, inaprensible e inexpresable, a no ser por el grito de una feroz abstinencia.

Jacques Derrida








Dios. 

Celebro ahora, la mano adiestrada. 

Culminación que termina, oro y cesa de inmediato. 

Te extraño, todavía, más allá de la polución. 

Te extraño querida. 

La masturbación es máquina sin pies. 

Te extraño querida. 

¿Dónde andas esta noche? 


carta VIII





un silencio. hay ruido. ¿estás cerca? ¿escuchás? ¿oís lo mismo? hace tiempo cruje, no encuentro la manera de aliviarlo . no es que quiera revertirlo, pero. ¿escuchás las bocinas que yo? pasó una ambulancia que dura horas en mi oído. los amigos hablan, hablaron mucho y estuve en un silencio absoluto gran parte del día y me hablaron del caos y solo había cosmos en la palabrita suelta en nuestra tacita de té. hacés ruido. ¿escuchas? recibo bocinas de tu teléfono. bocinas de cada mensaje que. ¿oís el mismo ruido que yo? ¿la misma insistencia? ¿grito tanto? ¿me oís?


Que esta complejidad oscura nos ilumine






Que esta complejidad oscura nos ilumine, mi amor.








hay días de preguntas, por ejemplo,
a quién le miento cuando duermo
así, soberanamente, a quién le doy
mi nuca cuando te cojo,
a quien mato cuando tomo
tu té.