lunes, 15 de octubre de 2012

cruza una tormenta II




y se arrugue el pecho

y el corazón y diga con
dulzura, con arrebato:



¡qué bellos, qué blancos huesos
indescriptibles 
tiene usted!






me voy a tirar. en algún momento tirarse va a ser quedar acá mismo. acá, junto a mi, acá.  pero voy a tirar y voy a tirar la idea y la idea va a ser una casa sin cemento. y vamos a entrar. y adentro no va haber nadie, ni van a ocuparse los muebles con nuestros pesos. ni los voy a ocupar. sí, voy a tirar esto. voy a arrojarlo todo y de ahí van a surgir palabras, y unas manos y alguna boca que quiera por hambre, comer.



(qué bellos huesos, qué blanquísima alumbra el alma la médula en usted. 
qué bellos huesos. usted, oye bien, usted, alumbrado por el alma,
 usted que ha conocido)



cruza una tormenta I


cruza una tormenta
en las paredes, en el fin.
habría una tormenta para usted
entre usted y la revuelta
usted
entre usted y temprano
enjugando
usted
entre usted
no es sóla
entre usted
el piolín
y la tormenta
entre usted
nombre y origen
entre, usted,
entre, usted
al fin.


corrija los puntos
cámbielos de lugar
los lugares
son más
usted, menos
usted que tu 
yo.







                                                                              ni que el tiempo te barra las ideas

asumo, voy a tirarme y eso es pronto. ni que el tiempo te barra las ideas ni que lo barran, ni que el tiempo. y cuando tenga los huesos listos el borde del cordón y alguien, que por pasar, los vea y los aloje, entonces voy a tirarlos dándole calcio al que pida, y voy rogarle,  los junte y los cuente uno a uno y que si faltara al menos el más ínfimo, el más inútil de todos los apoyos, quedara imantada su vida a esa pérdida, a esta inutilidad, a esa calle, en esta piel donde arrojé.
                                                                          y que los cuente. y que me diga sus nombres
ni el tiempo barre las ideas. 
ni los huesos se barren de él.