martes, 27 de noviembre de 2012

Una mujer no es nunca una mujer




 “Pocos, muy pocos humanos que se lanzan al agua para alcanzar la voz del agua, la voz infinitamente lejana, la voz sin ser voz, el canto todavía no articulado que viene de la penumbra. Algunos músicos, algunos escritores más silenciosos que los demás, en páginas más mudas todavía. Butes encarna la vieja imantación sonora totalmente irecíproca de los cuerpos que conducen infinitamente, aorísticamente, en ellos, el canto escuchado del primer día. ” 

Pascal Quignard



Una mujer no es nunca una mujer. Una mujer es un intervalo entre dos puntos, dos hombres, dos nombres que recordando se olvidan para siempre.




Notas sobre la mujer en los nombres de Ulises, Butes y las sirenas.
¿Qué cantan las sirenas? 
Las sirenas cantan el descenso de su amado. 
¿Qué escucha Ulises atado al mástil? 
Lo que no puede olvidar. Lo que aún no ha sido dicho. 
¿Por qué elige el mástil, la sutura, la duración?
 Porque el intervalo exige ser contado por alguien que haya oído.
 Butes oyó, pero se arrojó al mar donde el canto era la fuente. 
Butes, ahogó su escucha en un mar que canta. 
Un intervalo- dice Ulises- solo puede ser la forma de nuestra narración, 
nunca un lugar a quedar. 
¿Qué narrará Ulises? 
Ulises narrará una mujer. 
¿Qué es una mujer?
 Lo que Ulises oyó desde la estrechez del mástil al que
                         ató sus manos, sus piernas y su pecho. 
¿Qué es una mujer? 
Esa estrechez, esa soltura. 
¿Qué es una mujer? 
Lo que un hombre escucha sobre un mástil. 
¿Qué es un mástil?
 La posibilidad de oír a una mujer sin perderse en sus profundas aguas.
 ¿Qué hay en una mujer, en un mar que oscurece?
 Una palabra lanzada para un hombre que quiera oír. 
¿Qué oye un hombre? 
Lo que debe contar, lo que debe ser contado.