miércoles, 15 de mayo de 2013

hombres como traductores




Le dije que veía a los hombres como traductores.
Tocan una mujer y la traducen a una forma.
No importa si entienden toda la novela, saben manejar las manos y las palabras.
Una mujer lleva mucho tiempo.
También dije que veía a las mujeres como laberintos. 
Y pensé: ¿por qué un hombre querría perderse en uno toda su vida?
La necesidad de extravío es mayor en las personas que conjugan 
las palabras en género masculino.
Las mujeres saben que no pueden conjugar y que las palabras están perdidas.
El amor necesita perder. 
Lo primero que se pierde es la vida.  
Vos dijiste que por amor serías capaz de vivir.
La escritura necesita esos capaces y alguien bien alimentado 
predispuesto a la rutina de no saber.






martes, 14 de mayo de 2013

De las historias


De las historias 
dijiste nada.
Ni de la tuya
humea ojo 
ceniza a papel.
Ni de la mía, 
que vieja y tuvo 
nombres 
en desuso.
De lo que 
se cuenta 
dijiste poco.
De lo que pude 
decirun sol 
quietismo
punza 
cuando filo 
pierde.
De lo que 
no puedo 
no digo.
Se habla, 
es cierto
sin comas 
ni en prolijo.
Que vos 
entiende. 
Que no importa 
si sí al sí.
Más claro 
es andar 
de golpe 
y más golpe
el oscuro paso.
Que no 
entendés.
Que yo 
tampoco.
Qué bien. 
Es no.



domingo, 12 de mayo de 2013

Tu casa era una casa destartalada y grande




Algunas paredes eran rojas. 
Otras tenían el límite de la pintura
después de húmeda,
seca y a punto de caer.
Tu cuarto era un galpón
de maquinaria en desuso.
Tu mujer era tu mujer
y tu hijatu hija. 
Iba de visita en tren. 
El viaje era de tres horas.
Salía o llegaba de noche. 
La luz nunca era la misma.
En la puerta de entrada
había una reja ya vencida. 
Me gustaba pensar que era frágil
y en vez de proteger la casa
la exponía. Abrías sin llave. 
Tu hija jugaba entre las plantas.
Comía uvas, quinotos, peras. 
Ah, esto no te lo dije: 
vivías en una casa
llena árboles frutales.
Tu mujer me mostraba
el cuarto donde dormían. 
El tamaño del lugar
permitía perderse.
Alguien ponía nombre
a las máquinas del fondo. 
Todos esos objetos
que nadie usa.
Tu hija se acercaba a la puerta.
Le decías que fuera al jardín, 
eligiera un árbol, se trepara
y comiera los frutos de estación.
Subía al ciruelo. 
Yo pensaba que era un rubí.
Dormíamos en la cama
de tu mujer y su esposo.
En ese momento la casa
tenía dos hijas y un padre.
Los tres soñaban sin motivo
en causas diferentes.


El orden




El orden no pende de mi boca
ni llega hasta mis manos.
No soy yo la que quiso
un mundo en semejanza.

Y me pregunto

I-


Me pregunto 
por qué este acalorado 
rechazo de ningún hombre 
entero a la vida cierta
completa en la sonrisa 
sin hueco y hambre
a mi no faltar, a mi ósea 
no existencia.

Pero siendo en cruda la palabra
me pregunto por qué odio tanto 
tanto, la vida de estos hombres.
Si exagero en esto
o si me escondo en esto
o si horrendo el lacio de mi lengua
huye, sin golpear, el vivo paladar.

O si es que no se puede
ni queriendo, salirse 
del carril rumbado, salirse 
de rumbo, de rueda.
Y no andar si hiciera falta
y faltar si fuera cierto
que no estando, y dónde 
la copa rompe y dónde 
sobra el vino.

En qué lugar, en qué ahora
se clava la ceja al quieto.
Pero si falta, si faltara 
qué miedo arrastra 
el que no arroja 
ni el que a menudo llama 
ni el que guarda, su pedazo
a su adentro 
refugiado a fuerza
en la propia entraña.




II-

Y me pregunto en vano por mi odio
y me quiero a solas, porque quién dice
que hay un peso en la nuca
y un nudo colgando, al fin, de su pupila
que el ojo no vea, ni la cabeza agache.

Y me pregunto, de dónde
tanto el odio, se oprime 
tanto al pecho.
Estos hombres de dios
crédulos, serpientes de su padre
derraman lo que nunca han tenido.
Salvan su alma  y no saben rezar.

Estos hombres
no encuentran quién los cure
no abren la lengua del enfermo
no aman su contagio, ni se lavan  
de ellos mismos.





domingo, 5 de mayo de 2013

El agua todavía oscura sale entre mis dedos



¿No dijiste quiero
hasta en la fiebre
enfermar es poco 
cuando el dolor
torna el cuerpo
en amarillo?
Y diciendo acá
como si lado a lado
se tumbara
pierna a pierna 
el muerto ojo
de tu paladar. 



Quién tira las cosas a vencer




Quién vence.
Al fin. 
Si oscuro
no trae
ni noche 
vuelve
a día 
y luz
y visto
ni oído 
nunca
y tanto.
A quién
robar. 
Y cuál
la cosa.



No se hará vida



I-
No se hará vida 
lo que piel
porque vida 
no era celo
era lluvia 
qué mojar.

II-

Poco moja vida
primero piel y pluma
no lleva suelo.
Mas piel, más fijo y pájara 
la pluma cae 
en letra se va.












se llora sin agua




Y una vez roto
se llora sin agua 
el que no pudo beber.

Y de seco no cura
porque la carne  enferma
vive más cierta y oscura 
que seca lengua 
en viva voz.


Soñé con una sala de hombres enfermos



Se hamacan regularmente en la silla.
Me acerco a la puerta, los miro.
Persiana entreabierta.
Hombres en ronda
en sillas tocados por la luz.  
Anchos hamacándose
en círculo
en sala color gris.
De pocas vértebras
y antiguo despertar.
Por la ventana entra el sol 
y los toca en piel.
Quiero entre ellos un lugar para mí.
Desde la puerta veo ir un cuerpo al otro.
La luz o lo que hace que algo
sea visible en el ojo de fe,
se entrega pendular a las caras
cuando la piel aparece
bajo la misma sombra
en nuestra sala gris.


Diagnóstico





Hondura. Enfermedad. Hueso en detrimento. 
abdomen, deterioro motriz. 

Movilidad mínima. Mínima visión,
dilatación de la voz. Sin voz o sin espejo.
Apaciguamiento general de las funciones esperables.
Firme sostenimiento del cuerpo.

Lo esperable,  sin hondura, retoza.
La enfermedad, que por los poros, se alimenta.



pero entre las cosas





pero entre las cosas
las después
nunca
que no se vayan
que no se nos vayan



Las paradojas no son iguales que las antinomias




Las paradojas no son iguales que las antinomias.
Las antinomias exigen un cambio en nuestras creencias.
Las paradojas un cambio en la formulación 
de lo que se quiso decir.

Yo quiero decir que me gustan las segundas,
porque las cosas así de bien pensadas
son las cosas así de mal pensadas
pero sin error.

El error piensa.
Como la uña de un muerto que vuelve a crecer.