lunes, 1 de abril de 2013

La escritura filosófica




La escritura 
filosófica 
es una ruta 
pavimentada. 
No estoy de acuerdo 
con estas calles 
con esta manera 
de llegar. 
Pero cómo decir: 
dejé de creer antes 
de tiempo. 
Un aburrido trayecto 
sin contramano. 
¿Dónde arrimar 
un desvío, 
la querida inmediatez 
de no alcanzar? 
Intento inyectar 
el texto de amor, 
con amor. 
Pero permanece 
seco de todo aliento. 
No sostengo 
en esta letra  
ni vida ni muerte. 
Las cosas mudas 
no saben callar. 
Que la lengua infecte 
lo que hay por decir. 
Es preciso que 
esta enfermedad 
también corroa.




Del deseo y la identidad. II



II-

El deseo del otro 
es el relato de nuestra 
vacuidad. 
La identidad es
la fórmula donde 
el concepto carece
de caracteres propios.
Definiciones 
distintivas de sí.
Esto que somos es  
concepto sin objeto.
Talidad.
Lo no determinado 
un hay que ofrece 
en la ausencia 
de predicados 
un vacío que desborda 
la existencia 
de caracteres y posesión.
Singularidad 
irreemplazable.
No deseamos
esto o aquello 
de alguien, sino 
su ser  insustituible 
ante nosotros.
Lo que se sustrae 
como forma elemental 
del existir en singular.
Toda singularidad es
lo abierto y lo visto. 
Exposición donde 
el deseo trabaja.
¿Qué trabaja el deseo? 
El relato.
¿Qué es el relato? 
La identidad. 
¿Qué hacemos para ser? 
Hacernos hacer.
¿Qué hacemos hacer?
 El deseo del otro.
¿Qué trabaja el deseo? 
El relato. El efecto. 
Lo que hacemos ser.





Del deseo y la identidad



I-

¿Qué significa 
ser deseados 
ser vistos? 
¿Qué identidad 
creamos 
al afirmar 
que somos 
en la medida 
en que alguien
nos desea? 
¿Por qué el 
deseo del otro
 nos expone? 
¿Por qué la 
identidad es  
lo que el deseo 
abre y sugiere
como ser tal cual 
sea cosa
como pura 
expresión de sí?
Hacerse hacer
Spinoza; autoafección
causa inmanente. 
Vínculo no poco 
estrecho entre 
ser, hacer y desear. 
Curiosa pasividad. 
Carácter de 
un activo recibir
que comienza 
por narrar 
la existencia 
de quiénes 
somos 
a partir de 
aquello que 
sustraemos 
avivando nuestro 
propio deseo 
por y desde 
el gusto 
deseo
del otro.
Aldous Huxley: 
“Estoy siendo pensado, 
luego existo”. 



No es por él que



No es por él 
que ella esparcía 
el uso de sus 
piernas, 
la longitud 
de su boca 
sobre la cama 
como 
una palabra 
que aprende 
a morir. 
Sin ánimo 
de hacerse
entender 
tampoco pedía 
explicaciones. 
Su cuerpo 
era el reposo. 
Los cuerpos
que descansan, 
se dice, 
lo hacen 
en paz. 
Un cuerpo 
hace la paz 
durmiendo. 
¿Dormirá? 
Sin embrago, 
se mantiene 
alerta a la par 
del mar 
en las subas y bajas 
de las olas 
que traen nada 
y orillan plenitud. 
A mar, se dice. 
En sus adentros, 
el revuelo 
es un cuerpo tibio. 
Se pregunta 
¿Es por el tono 
de los brazos 
que su juventud 
se realza 
de cosa 
que acaba 
para siempre 
y sin embargo
jamás? 
¿Es su finitud 
lo que rebasa, 
lo que abrazamos 
en el tiempo 
haciéndolo ir?