martes, 2 de abril de 2013

En su mano las palabras que iba a ofertar




Él pide que escriba. Le envía su letra
como si enviara la boca misma los labios
la humedad.

Le explica que llegada la noche 
estaba inmerso en lecturas ordinarias. 

Algo se acerca a cierto perfil. 
Un gesto de ella una manera de girar. 
Cartas. Ninguna suya. 

¿Me leerá? Pregunta si ella podrá leerlo. 
No interesaban sus manos, su figura 
indistinguible. 

No interesa, dice tu cuerpo a contraluz. 
En esa parte del río no importa quién caiga.

El cuerpo hunde la misma gravedad.
Él escribió hacia alguien que había restado 
junto a él. 

La noche queda juntos, escribe. 
No importa abrir. 

La hondura. ¿Por qué me pregunta? 
Ella sostiene la hoja como un hilo finísimo 
de correspondencia. 

Ella crece, avanza no hay número 
para esta figura. Estuvo toda la noche
esta mañana la vi. 

Los ojos que por la vía hasta dónde. 
Acá. Detrás. Nuestra pared.
Sus manos.

¿Me escribirá? ¿Me querrá entonces? 
¿Dará su pecho, su decir?

¿Me escribirá? ¿Me querrá entonces? 
¿Hablaré de él? 




Llegar es cerca




Confundí el pozo
con un hombre
de carne
y en su hueso. 
Algo se nos va,
se nos lleva
en carro el alma.
Me digo
prefiero lo solo,
lo solo quieto 
lo inerte, lo casi
desmembrado. 
El pan se habla
en las dos lenguas. 
Silba al día que
se va, la noche
llega.
Pero nunca
el estómago así lleno 
que por sin hambre
se quiera pelear
un hueco.
Tu bajo, querido,
tu acámismo,
tu opuesto,
tu agua luz gas.
No es por burla
a lo cierto
que elegimos
palpar negros
hemisferios.
Que no estamos 
ahíniallá 
oscureciendo
ciego al cielo,
bizco al pan.
Llegar es cerca.
El empeño este.
Amar, querido. 
Que la distancia
andando se va. 
¿Qué será
la tristeza
que de repente
tanto y tanta
en vez?