sábado, 17 de agosto de 2013

Insiste en mí la gana *


Insiste en mí la gana. 
Hacer de buey 
para el carro malo. 
Insiste, soberana, la locura. 
Hacer de buey 
ni en carro ni en camino.
Insiste, cómo decir, 
lo vuelve. 
Qué pelear sin contrincante, 
y qué entender, 
si tira polvo y polvo cae.
Qué llevar, qué carga
no arrastra y queda en peso.
Insiste, como de querer. 
Como de haber soltado.
Insiste la rueda 
por salir del eje 
y el eje, insiste, insiste.



* Durante la tarde me perdí en corrientes. Esperé un colectivo en el metro bus. Había sol. Paré en un locutorio de por ahí más de dos horas. No te escribí. A la noche fui al teatro. Saludé con gratuidad a los actores. Hace tres horas y pico pienso en esa palabra. Hace dos días vi a un hombre negro, como de Somalia pensé. Lagrimeaba ante el pedido de un ex combatiente de Malvinas. Le dio dos pesos y se secó la cara con su gorro de lana. En plaza Miserere bajó del subte. Tenía tres bolsos grandes con él y una mochila de Chicago Bull. Entendí que ese bulto lo traía desde su país. Nunca había visto a un hombre negro llorar.  Ahora no es tan tarde porque supongo que para vos es siempre temprano. No sé qué medida de tiempo manejás. Dónde se te ocurre el cansancio. A la salida del teatro me encontré casualmente con Martín. Le pregunté qué era lo que más le costaba. Me dijo que decir. Lévinas dice que decir, relación del cara a cara, es poner al discurso fuera de lo verdadero y de lo falso y que por eso hablar es ético y es bueno para todos. 

que no somos



Así todo: culpable de estar acá,
cuando me mirás 
y pensás que soy buena,
que me hacés mal.
De repente, del otro lado,
creemos que hay todo lo puro 
que no somos.