sábado, 28 de septiembre de 2013

El límite donde por algo se es y allí se queda *


Amo la palabra, reposa en ella lo incierto. 
Cierra despacio lo que soy, abriendo en tierra lo que falta. 
Lanza su semilla y sin crecer el árbol, 
comemos de él, morimos de él, prestos a la gota pura. 
En su ir al suelo y no juntarse.

Amo la palabra. Es cierto, toda su frontera.
De ese costado, vuelvo, a su figura, 
levanto el cuerpo con los pies del alma.

Amo la palabra porque en ella, los ojos 
me han dicho quiero, y al verlos, eran tantos 
como el par que mío, cuando así me asisto
y ni en pena me sostengo. 

Sido dado, la palabra, ha hecho.
Ha muerto y crecido por su cuenta. La voz. 
Ha entrando más estrecha que la vista, 
en el minuto de piel en que me hallo.

Amo la palabra, toda su corteza. Su irse hacia atrás. 
No dejarse ver, aún de vista. 
No dejarse acorralar nunca por el miedo.

Amo la palabra, porque en ella me fue dado distinguir. 
Y en ella he sido mejor que en lado alguno.
He vuelto menos viaje lo que solo en tránsito se ama.
Amo la palabra, qué hacer. 



* No sé enseñarme los pies para ver el suelo.
Estás en las figuras de mi espalda.
Atrás, en el puño de la voz.