miércoles, 16 de octubre de 2013

Todo aire*


Que en la distancia todo aire se alimente de su hueco.


* De chicos, hacíamos en el campo obras de teatro. 
Usábamos el monte para representar. 
La hermana mayor nos enseñaba a actuar de marionetas. 
Nos decía: finjan que se caen. Tropiecen. 
Así se dura en el ojo del que mira. 

Crece tierra en la herida que la abre


Quién duerme joven 
en su acumulada edad 
no le ha preguntado 
impuntual la noche:

hubo el día que guarde el próximo. 
Y a su siguiente, 
igual lo tuvo entre las manos.
Nos guarde.
Sin rezo, nos cultive.
Nos tenga en fe.
Que por solo hundir la vara, 
la tierra crezca 
dotada de semilla.
Quién hay, brevemente
lo pregunto.

No es tiempo, indican.
No es época. 
Habrás de crecer.
Habrás de ver lo que has dejado.

Quién ajustado aguarda, 
dar de sí una medida más extensa 
que la propia.
Quién, entendido entre dos barrotes
ha dejado el predio 
abalanzarse al campo.
Quién, habiendo comprendido 
deja así mismo el campo 
ser lo bueno de su planta.

Un mandarino.
Eso es todo.
Se ofrece.
Quién allí se ofrece.
Quién hay.
Quién aguarda.
Quién se hace ver.