sábado, 14 de diciembre de 2013

Demora

Cuantas noches invocaremos 
desde tan remotos lugares 
y quién, desatento, oirá.
Soy la que busca una vejez.
La que ha quedado quieta, 
y no se tiene ni se supo.
Desprendo la ropa y no sé 
quién cuidaría éste cuerpo 
que no sabe andar. 
Que sabe, a flor de tierra, 
ir hasta lo hondo.
No hay belleza en esto.
Los intentos son manchas en la piel. 
A veces nos confunden.
No recuerdo qué época 
era en mis polleras. 
Quién fui el tiempo 
en que no me tuve y me tenía. 
Tan breve. Tanto y tan de pie. 
Estaré acá, sobre el escritorio. 
Estaré en las palabras 
la demora de ésta voz.

No sabe quién

 No sabe quién la cuida y si eso es necesario.
Aprende a escribir con sus dos manos.
Salidas al mundo, por ella misma descubiertas.
No sabe, concluye. No se explica.
Las cosas tuvieron siempre una forma extraña al tacto.
Ajena a sus cinco dedos.

Comienzo

Tanto como exista 
como salga una certeza 
cáscara para un animal frágil
para un hombre frágil
como yo, que soy mujer
y me hundo en la tierra 
apaleada por mí misma. 
Se hunde en su tierra. 
Por él mismo apaleada. 
Que se hunde por él mismo
en su tierra y hablará. 
No así comienzo. 

Ceniza

Vuelve ceniza. Es cama cubierta sola. 
Es gris la ceniza vuelve. Barre 
Mi creencia polvo. Vuelve creo 
La ceniza cubre. Cúbreme. 
Que no haya testigos.