jueves, 18 de diciembre de 2014

A Viva Voz - Inés Manzano

A Viva Voz 

sobre  Insiste en mí la gana,  de Adela Busquet


            Poesía como una ofrenda. Poesía que de su corazón hará una lengua para el otro, que prevalezca sobre el desasosiego.
            Una lengua que es látigo y ternura, en cuanto asume que sólo permanece lo que se da y que el lugar más seguro es la incertidumbre. Entonces elige el desafío de resistir hasta perderse en lo que no entiende; así como resiste la palabra, su ser invisible, su escurridizo ser.
            Palabra, “que dice lo que dice, y además más, y otra cosa” – como quería Alejandra Pizarnik. He aquí una poeta que la empuña, contra una lengua que se vuelve loca, que se desnuda del lenguaje, que lo desarticula. Que hace equilibrio en la cuerda tensa y retorcida de lo que dice. Y de lo que no.
            Contorsionista de la sintaxis, le pone el cuerpo a lo desvalido, interpela a los hombres que no arden.
            Y cuando pide, ofrece. Y si no duda en el amor, duda en el odio. Sabe que es vano al fin. Su escritura sólo se sacia de lo que entrega.
            Se sienta debajo del poema y conversa con la otra que lo escribe.
            Empecinadamente, escribe, hasta que cae hacia lo huérfano, lo pequeño, lo que será preservado por la naturaleza misma del poema.
            De lo que muere, se enamora, de lo que falta. Porque allí crece una herida que es fecunda.
            Apoya la espalda sobre el peso de lo que escucha y carga su propia voz desde la boca de los otros.
            Se despelleja, se desalma, para comerse el hambre que para qué. Un hambre que a ellos no los toque.
            Tal, la poesía que insiste: -venga a mí todo lo que he rodeado con mis versos. Lo que nace y acaba y vuelve a florecer. Esta palabra que confronta al lenguaje. Esta palabra que me muere, mientras mi voz, mi amorosa voz, mi loca voz, pervive.

                                              
                                                                                                                                     Inés Manzano


“tomen la belleza y denle hijos”

jueves, 11 de diciembre de 2014

Solo con ojos de hombre


Solo con ojos de hombre
las flores viven 
la juventud de la flor.
Septiembre recuerda, 
fracasamos al florecer.*
Habrá al menos una 
ajena a la condena de brotar,
libre como las cosas 
sin importancia.


*Un verso de Aruturo Desimone dice:
Hemos conocido
el fracaso al florecer

viernes, 5 de diciembre de 2014

Adornamos la ceniza, verano

Adornamos la ceniza, verano
va pronto a no juntarse.

Aloja quién, cuáles, en qué hora.

Va en aquel
y en los como él iguales.

Voy en sus cuántos, 
en sus cada uno.

Diciembre vuelve y apoya
su silencio en nuestro diálogo.

Haceme oír 
quién, cuáles, en qué hora.

Estuve 
en quién, cuáles, en qué hora.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Es hoy o cualquier día

Es hoy o cualquier día
el viento quiebra donde el viento
llueve en el hueso 
y en los que pasamos
en el porte que nos toca
nos toca también el viento 
y toda esta lluvia
viene frío y lleva, lleva, 
toca y agita, no pregunta
quedamos en este pie
en cualquier otro
y aún volvemos a marchar
porque así nosotros y así la lluvia 
del viento que nos busca
frío y fuerte como hoy, 
como cualquier día
y es pena, vuelve el temporal
breves tardes tuvimos 
donde despejar
el ojo de la lluvia en el ojo
y es corto, dicen, no saber 
y larga la estancia en la certeza
y es hoy y llueve como nunca.

Que abra

Que abra en ocasión
diez años de tú en cierta yo
que apure en mi carrera
tu edad el rastro nuevo

rompa la piel y vaya
que vaya y pierda
que pierda tanto
que venga y nos descubra
nos despierte por completo

en el nombre que uniera 
nuestro modo de llamar
te llamo, te doy en fe.



Van las voces buenas

Van las voces buenas,  golpean 
con pregunta nuestra casa.

Solemos oír la noche asustarse 
en plena oscuridad

frente al rostro que tiene
si dos se miran. 

Va el más reciente, a qué oír, 
a qué tocar, a cómo darlo por entero.

Va tiempo de estarnos 
tomados de la hoja del aire.

sábado, 11 de octubre de 2014

Reseña de "Insiste en mí la gana" por Javier Galarza en la Revista Ombligo.

 http://revistaombligo.com/nota.php?id=491


  
Insiste en mí la gana, de Adela Busquet

Por Javier Galarza

Quizás escribir sea aprender a perder la capacidad de nombrar. Aún sabiendo que, tal cosa, nunca estuvo allí. Palabras como “obra” o “sentido” son puestas en cuestión, no sólo desde la filosofía, el psicoanálisis y la crítica literaria; sino también por una época en la que toda experiencia se sustrae a sí misma, cooptada por la parodia o el desgano. Perdido un sentido único, las palabras se vuelven efecto de superficie, diálogo dilatado, pequeños lugares donde abrevar. La ópera prima de Adela Busquet se mueve en esa desconfianza que es proliferación de lenguaje, con dolor de ser fijado. Por momentos la autora toca texturas y conceptos de las poetas místicas, guiños de forma o de concepto a Sor Juana o Santa Teresa (“Le dije que veía a los hombres como traductores. / Tocan a una mujer y la traducen a una forma”). La música, entonces, acompaña más como ruido de fondo que como consuelo. Por momentos una nota al pie descentraliza el poema y lo juega allí: “Hace dos días vi a un hombre negro (…). / Tenía tres bolsos grandes y una mochila de Chicago Bulls. / Entendí que ese bulto lo traía desde su país. / Nunca había visto a un hombre negro llorar”. La filosofía atraviesa el poemario, más como tensión que como diálogo. La posibilidad del “poetizar pensante” propuesta por Heidegger en su lectura de Hölderlin es de un optimismo desmesurado, pues tendría que haber un sujeto que piense o un sujeto que haga poesía. No obstante, el vaciamiento sistemático de la palabra posibilita destellos momentáneos donde “eso” insiste.


Insiste en mí la gana
Adela Busquet
Buenos Aires
2014
Melón editora
Colección dos líneas de poesía, 20
52 páginas



ÉSTA TARDE, LO QUE IBA

Ésta tarde, lo que iba en camino,
se cerró. Lo que iba en anda,
se detuvo. Parto hojas, valor.
Ésta tarde lo que iba en camino,
cerró, el paso. Que lo lleven.
¿Entenderé? ¿Entenderás?

* La piel se opaca.
Lo que no es, se enciende.
¿Entenderás? ¿Las cáscaras,
los ciclos de mí a mí?





INSISTE EN MÍ LA GANA

Insiste en mí la gana.
Hacer de buey
para el carro malo.
Insiste, soberana, la locura.
Hacer de buey
ni en carro ni en camino.
Insiste, cómo decir,
lo vuelve.
Qué pelear sin contrincante,
y qué entender,
si tira polvo y polvo cae.
Qué llevar, qué carga
no arrastra y queda en peso.
Insiste, como de querer.
Como de haber soltado.
Insiste la rueda
por salir del eje
y el eje, insiste, insiste.


* Hace dos días vi a un hombre negro.
Lagrimeaba ante el pedido
de un ex combatiente de Malvinas.
Le dio dos pesos y se secó la cara con su gorro de lana.
En plaza Miserere bajó del subte.
Tenía tres bolsos grandes
y una mochila de Chicago Bulls.
Entendí que ese bulto lo traía desde su país.
Nunca había visto a un hombre negro llorar.




miércoles, 8 de octubre de 2014

Como los mortales

Como los mortales
cuido la fiebre
en la frente de tu voz.
De modo también mortal
la mano que cura 
sustituye la mano enferma. 
Le doy a tu cuerpo 
mi traje blanco 
para que cuides ya en ropa 
mi desnudez.


La casa apaga el día

La casa apaga el día. 
Va en agua y no juntamos. 
Va en tierra y no esparcimos.
Hago un coro en tu oído.
El suelo imita la ignorancia.
No hay campo. 
Pedimos lo elemental.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Como hermanos

Como hermanos
nos dimos la palabra.

La caricia tocó a la idea.

Vacilantes, oímos
lo temprano. 

Aún estaba oscuro.

Fuimos esposos
en el alma material
de nuestra voz.


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Noche de extenderse

Noche de extenderse 
también en un ajeno.
Serme para otro
acá en mi herida, siendo 
para mí, su oscuro negro.
Toma por lo dulce
en horas nuestras.
Qué hablamos de no dormir
de no haber despertado
vez alguna.

martes, 16 de septiembre de 2014

Donde las palabras se ponen cara a cara

La esencia del arte consistiría en pasar del lenguaje
a lo indecible que se dice, en hacer visible por medio de
la obra la oscuridad de lo elemental.
Emmanuel Levinas



No, no soy yo, es otra la que sufre.
 Anna Akhmatova



La palabra se retira, encuentra su forma dispersa: el poema consuma pequeñas detonaciones del lenguaje, abigarradas roturas de una oscuridad que se atreve, naciente, a dislocar su presencia. No dice sí, no puede: la noche, en su poética, se rasga en voz a otro. Se evoca solo una vez, se convierte. La vigilia del verbo misiona por cederse en ofrenda, e impugna, con su alteridad anárquica, los mitos del significado.
          No dice sí, Adela Busquet: expone, su escritura, una voz inmemorial que lleva las palabras cara-a-cara al desamparo. En su plaquette Insiste en mí la gana (Melón Editora) la poeta irradia una experiencia estética poco corriente. Porque Adela embiste, con su expresión, la distancia en la proximidad que la habita. Hay algo verdadero allí que se desdice; que ni retrocede, ni avanza. ¿Verdad? Por otro idioma, pues su trabajo es de duelo, ante el ser o el acuerdo que no se da como testigo: 



Cómo habrá nombre ser otro.
Qué más no él, que de poder no aguanta.



Hay algo (¿alguien?) fuera que pide hablar sin oclusión. Es el ayuno del verbo que recuerda el impulso de estar habitado: porque escribir es morir, dar cuenta de la conmoción que se expulsa de sí. Constelaciones, pausas, rupturas, reminiscencias de alteridad. Un murmullo irreductible, profundo e intempestivo antepasado. La voz de Adela. se suelta en la intriga que funda su haber sido, antes, escucha. Así se expresa el poema: mediante un vuelco, un cambio de perspectiva. La escritura, ahora, es ámbito de atención. Latido de una irradiación externa: el sentido, extrañado, no se corresponde:


        
Sido dado, la palabra, ha hecho.
Ha muerto y crecido por su cuenta. La voz.



No hay tema, aquí, sino enigma. Adela Busquet transparenta formaciones verbales en tránsito: zonas que se friccionan en su carnalidad. Descubrir, desenterrar es el gesto. Pero para enterrarse, viva, de palabra, y devolver –oscuro– lo que se da a su suerte. Persistir, entonces, en quien se halla, a través, a pérdida:


Lo perdido orientando la dirección.


No puede: nada termina de decirse. Acontece, su vocación, que no remite a sí. Es la mujer, entretanto, quien habla sin identidad suficiente. Mujer no mujer que se dice en femenino, pero no sabe. Se retrasa, en ello, y se retracta:



Las mujeres saben que no pueden conjugar
y que las palabras están perdidas.



El encuentro de la mujer, y de la que escribe, es doblemente complejo: doblemente indigente, al ser, reduplicada en su mortalidad, ella es diferente cada vez. Se apega, así, a la verdad que la extraña. La más muerta se encuentra en la escritura y se adentra donde no tiene lugar. En estos poemas conmueve la premonición: entre la mujer y la escritura hay un paralelo escindido, una extremidad que se ignora, pero que tiene un largo tiempo de vida. Si Marina Tsvietáieva escribió que “todos los poetas son judíos”, aquí lo judío será la plurívoca condición, marginal, de una mujer que escribe:



Que si aquel no duerme
con un dedo hurgue
el corazón de la que es hoy,
más pálpito, más muerta. 



¿Qué voz, última? ¿Cómo hablar de lo caído, de lo decapitado? ¿Cómo no hablar en mujer, en escritura?:



Qué voz podrá decir, cayó de su altura
ya rengo le quitaron la cabeza y giró.



Recolección, fugaz, que se desecha: se exterioriza, la poeta, a lo inmensurable. Su propia inhumanidad –de que es depositaria– queda expuesta. Aquí hay un esfuerzo, una inversión de órdenes que, no obstante, no responde a un cálculo filosófico, o a una teoría, sino que proviene de la propia experiencia: la escritura habita elementos, pero los desconoce. Desposeída, de su hogar se arranca donde no está. 


Sobre el hombro, la casa,
puerta de mi afuera.



Las meditaciones de Adela Busquet parecieran dejar la poesía: su disposición ya no es subjetiva, sino respuesta a lo insignificante, a lo último sentido antes del fin. Su escritura no dice lo que quiere decir. Su temblor está que no llega a afirmar del todo nunca: no hay arbitrariedad, entonces, sino fidelidad al grito –al dolor, al sufrimiento– de lo desterrado. A la “casa de su afuera”. Lo cual nos recuerda algunas evocaciones de San Juan de la Cruz en torno al Deus Absconditus: ante quien el místico “se queda no sabiendo” en relación a lo innominado, a lo inefable que se manifiesta por fuera de la voluntad y el entendimiento. Lo ínfimo: no puede afirmar, sino encenderse. En San Juan, leemos: “Para venir a lo que no eres, / has de ir por donde no eres.”



Aspirar lo grande.
Querer lo mucho.
Pero lo ínfimo gritó.
Y lo abracé.



Abrazar el grito de lo ínfimo, quebrándose: así la poeta se recibe, se oye venir. Desencontrada su afirmación, el no saber de la gratuidad que nos principia, en suspenso: lo que adviene y nos da a la vida (por lo que somos dados).   
   


No sé mi leña. No sé el fuego,
calor que ardo. Adónde decir sí.



Así, pues, la paradoja: pero de claridad. Pues en Insiste en mí la gana no nos acompaña la tragedia del mutismo, o del infinito inmarcesible que destruye y erradica a quien osa elevar la mirada sobre los dioses. Antes bien, el tiempo que hace correr la poesía de Adela. B. se asemeja a una caricia secreta, amor que busca darse aun a costa de desconocer su causa. Salir, por primera vez, al mundo, y por última. He aquí el meollo de una escritura tan fascinante que, ya dicha, aún no ha comenzado a hablar.



Insiste la rueda
por salir del eje
y el eje, insiste, insiste.


Fernando Herrera
Septiembre, 15/2014.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Collar

Adoramos el collar 
que usamos al hablar. 

Garganta, 
qué angosta tu abertura.

Orden

Qué abandono tropezó 
en tus historias 

un nombre hiciste repetir 
en libro

una noche como esta.

No olvides, hicimos templo 
en algún lado. 

Dimos en otra puerta al entrar.

Aprendo tu noche a la mía.

Un dios distinto nos reza 
en cada cuarto. 



Aún

Detrás del día
aviento un antes
más joven que el aún. 

Una castaña se abre
convencida
del invierno que la va.

Ciudad,
tan breve es tu frío.

martes, 9 de septiembre de 2014

Solté

A la que ya no era
por unos pocos 
asuntos de fe.

Hice en lo propio
al extraño

querer 

sin adorno 
a su mujer.

Camino se dice
al que va no vuelve

de la recta
a la excusa.

Dimos vuelta
en esta calle
de mano única.


lunes, 8 de septiembre de 2014

aquí yace lo cifrado con lo no nacido
Nelly Sachs
El mismo sonido
para ambos
cayó 

durante la noche

dio luz
a ningún sueño.

Es extraño, son tus huesos.


domingo, 7 de septiembre de 2014

Mi culpable interroga a mi juez

De fuera, salimos
a qué despabilado pie 
damos la marcha.

A la altura de qué hombros 
partimos 
con manos de algún otro

al que hubiera 
al que quiso
al que olvidó.


sábado, 6 de septiembre de 2014

Eso sería

                                                                                                     A Ricardo Rodríguez Ponte
Sería llamar, pedir por un nombre.

Sería el tercer piso, la llave de metal,
el ascensor sonoro hacia arriba.

Haber temprano tantas veces en la puerta.
La madera al suelo, la amplia biblioteca.

Serán tus libros, para quién.
Leerá quién tu elección en los estantes.

Tu camisa a cuadros, haber visto
por descuido alguna vez

el frágil cuerpo.

Serán tus horas tantas
dadas a que ocurra en los ausentes.

Seré yo misma reclinada por la voz.

Aquellas veces que así fueron, 
sería lo que hiciera con aquello.


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Pronto

Alguno escribió en mis días.

Probaba por él las tardes de un invierno
corrido con su nombre.

Estuvo a la letra.

También yo estuve algún tiempo
en sus cajones. 

Acompañamos las migas y el silencio
como los hermanos.

Hago pregunta; qué premiamos
ante los ojos.

No sin palabras, tendemos los brazos
hacia aquél

aun si hubiera nadie.



Abandona tu llego; voy

Abrió cuadernos en mi tarde
entre líneas, seguí su ojo alto y hueco

iba por sus letras 
donde se aburre el elogio.

Imité sus gestos, los muertos zapatos 
de su presencia.

Al techo donde ponemos las estrellas
hago llegar septiembre.

Querido aquel, oye 
lo que del año no tuvimos.

Alimentaste a quien no dijo sí, 
a quien no retiró la boca entre tus dedos.

De vida están hechos los cercanos
junto a los mismos, sin aviso del milagro, 

amanecemos desprovistos.

Pero y es que no comprendo  
de qué se hace la voz,

de qué vuelve el que no vino.

domingo, 31 de agosto de 2014

Palo santo

Iba el mes de abril, nos dábamos paso.
Se hablaba una voz de lengua nueva.

Sin esfuerzo oía en cada vez.
No había peticiones.

Dormíamos sobre la recta,
sueños simples tenías entonces.

Por qué angostura recibíamos 
el don de hacernos llegar.

Vaya pena al alegro.

Vaya el año donde fui
otoño que se va en invierno.