jueves, 18 de septiembre de 2014

Como hermanos

Como hermanos
nos dimos la palabra.

La caricia tocó a la idea.

Vacilantes, oímos
lo temprano. 

Aún estaba oscuro.

Fuimos esposos
en el alma material
de nuestra voz.


miércoles, 17 de septiembre de 2014

Noche de extenderse

Noche de extenderse 
también en un ajeno.
Serme para otro
acá en mi herida, siendo 
para mí, su oscuro negro.
Toma por lo dulce
en horas nuestras.
Qué hablamos de no dormir
de no haber despertado
vez alguna.

martes, 16 de septiembre de 2014

Donde las palabras se ponen cara a cara

La esencia del arte consistiría en pasar del lenguaje
a lo indecible que se dice, en hacer visible por medio de
la obra la oscuridad de lo elemental.
Emmanuel Levinas



No, no soy yo, es otra la que sufre.
 Anna Akhmatova



La palabra se retira, encuentra su forma dispersa: el poema consuma pequeñas detonaciones del lenguaje, abigarradas roturas de una oscuridad que se atreve, naciente, a dislocar su presencia. No dice sí, no puede: la noche, en su poética, se rasga en voz a otro. Se evoca solo una vez, se convierte. La vigilia del verbo misiona por cederse en ofrenda, e impugna, con su alteridad anárquica, los mitos del significado.
          No dice sí, Adela Busquet: expone, su escritura, una voz inmemorial que lleva las palabras cara-a-cara al desamparo. En su plaquette Insiste en mí la gana (Melón Editora) la poeta irradia una experiencia estética poco corriente. Porque Adela embiste, con su expresión, la distancia en la proximidad que la habita. Hay algo verdadero allí que se desdice; que ni retrocede, ni avanza. ¿Verdad? Por otro idioma, pues su trabajo es de duelo, ante el ser o el acuerdo que no se da como testigo: 



Cómo habrá nombre ser otro.
Qué más no él, que de poder no aguanta.



Hay algo (¿alguien?) fuera que pide hablar sin oclusión. Es el ayuno del verbo que recuerda el impulso de estar habitado: porque escribir es morir, dar cuenta de la conmoción que se expulsa de sí. Constelaciones, pausas, rupturas, reminiscencias de alteridad. Un murmullo irreductible, profundo e intempestivo antepasado. La voz de Adela. se suelta en la intriga que funda su haber sido, antes, escucha. Así se expresa el poema: mediante un vuelco, un cambio de perspectiva. La escritura, ahora, es ámbito de atención. Latido de una irradiación externa: el sentido, extrañado, no se corresponde:


        
Sido dado, la palabra, ha hecho.
Ha muerto y crecido por su cuenta. La voz.



No hay tema, aquí, sino enigma. Adela Busquet transparenta formaciones verbales en tránsito: zonas que se friccionan en su carnalidad. Descubrir, desenterrar es el gesto. Pero para enterrarse, viva, de palabra, y devolver –oscuro– lo que se da a su suerte. Persistir, entonces, en quien se halla, a través, a pérdida:


Lo perdido orientando la dirección.


No puede: nada termina de decirse. Acontece, su vocación, que no remite a sí. Es la mujer, entretanto, quien habla sin identidad suficiente. Mujer no mujer que se dice en femenino, pero no sabe. Se retrasa, en ello, y se retracta:



Las mujeres saben que no pueden conjugar
y que las palabras están perdidas.



El encuentro de la mujer, y de la que escribe, es doblemente complejo: doblemente indigente, al ser, reduplicada en su mortalidad, ella es diferente cada vez. Se apega, así, a la verdad que la extraña. La más muerta se encuentra en la escritura y se adentra donde no tiene lugar. En estos poemas conmueve la premonición: entre la mujer y la escritura hay un paralelo escindido, una extremidad que se ignora, pero que tiene un largo tiempo de vida. Si Marina Tsvietáieva escribió que “todos los poetas son judíos”, aquí lo judío será la plurívoca condición, marginal, de una mujer que escribe:



Que si aquel no duerme
con un dedo hurgue
el corazón de la que es hoy,
más pálpito, más muerta. 



¿Qué voz, última? ¿Cómo hablar de lo caído, de lo decapitado? ¿Cómo no hablar en mujer, en escritura?:



Qué voz podrá decir, cayó de su altura
ya rengo le quitaron la cabeza y giró.



Recolección, fugaz, que se desecha: se exterioriza, la poeta, a lo inmensurable. Su propia inhumanidad –de que es depositaria– queda expuesta. Aquí hay un esfuerzo, una inversión de órdenes que, no obstante, no responde a un cálculo filosófico, o a una teoría, sino que proviene de la propia experiencia: la escritura habita elementos, pero los desconoce. Desposeída, de su hogar se arranca donde no está. 


Sobre el hombro, la casa,
puerta de mi afuera.



Las meditaciones de Adela Busquet parecieran dejar la poesía: su disposición ya no es subjetiva, sino respuesta a lo insignificante, a lo último sentido antes del fin. Su escritura no dice lo que quiere decir. Su temblor está que no llega a afirmar del todo nunca: no hay arbitrariedad, entonces, sino fidelidad al grito –al dolor, al sufrimiento– de lo desterrado. A la “casa de su afuera”. Lo cual nos recuerda algunas evocaciones de San Juan de la Cruz en torno al Deus Absconditus: ante quien el místico “se queda no sabiendo” en relación a lo innominado, a lo inefable que se manifiesta por fuera de la voluntad y el entendimiento. Lo ínfimo: no puede afirmar, sino encenderse. En San Juan, leemos: “Para venir a lo que no eres, / has de ir por donde no eres.”



Aspirar lo grande.
Querer lo mucho.
Pero lo ínfimo gritó.
Y lo abracé.



Abrazar el grito de lo ínfimo, quebrándose: así la poeta se recibe, se oye venir. Desencontrada su afirmación, el no saber de la gratuidad que nos principia, en suspenso: lo que adviene y nos da a la vida (por lo que somos dados).   
   


No sé mi leña. No sé el fuego,
calor que ardo. Adónde decir sí.



Así, pues, la paradoja: pero de claridad. Pues en Insiste en mí la gana no nos acompaña la tragedia del mutismo, o del infinito inmarcesible que destruye y erradica a quien osa elevar la mirada sobre los dioses. Antes bien, el tiempo que hace correr la poesía de Adela. B. se asemeja a una caricia secreta, amor que busca darse aun a costa de desconocer su causa. Salir, por primera vez, al mundo, y por última. He aquí el meollo de una escritura tan fascinante que, ya dicha, aún no ha comenzado a hablar.



Insiste la rueda
por salir del eje
y el eje, insiste, insiste.


Fernando Herrera
Septiembre, 15/2014.

sábado, 13 de septiembre de 2014

Collar

Adoramos el collar 
que usamos al hablar. 

Garganta, 
qué angosta tu abertura.

Orden

Qué abandono tropezó 
en tus historias 

un nombre hiciste repetir 
en libro

una noche como esta.

No olvides, hicimos templo 
en algún lado. 

Dimos en otra puerta al entrar.

Aprendo tu noche a la mía.

Un dios distinto nos reza 
en cada cuarto. 



Aún

Detrás del día
aviento un antes
más joven que el aún. 

Una castaña se abre
convencida
del invierno que la va.

Ciudad,
tan breve es tu frío.

martes, 9 de septiembre de 2014

Solté

A la que ya no era
por unos pocos 
asuntos de fe.

Hice en lo propio
al extraño

querer 

sin adorno 
a su mujer.

Camino se dice
al que va no vuelve

de la recta
a la excusa.

Dimos vuelta
en esta calle
de mano única.


lunes, 8 de septiembre de 2014

aquí yace lo cifrado con lo no nacido
Nelly Sachs
El mismo sonido
para ambos
cayó 

durante la noche

dio luz
a ningún sueño.

Es extraño, son tus huesos.


domingo, 7 de septiembre de 2014

Mi culpable interroga a mi juez

De fuera, salimos
a qué despabilado pie 
damos la marcha.

A la altura de qué hombros 
partimos 
con manos de algún otro

al que hubiera 
al que quiso
al que olvidó.


sábado, 6 de septiembre de 2014

Eso sería

                                                                                                     A Ricardo Rodríguez Ponte
Sería llamar, pedir por un nombre.

Sería el tercer piso, la llave de metal,
el ascensor sonoro hacia arriba.

Haber temprano tantas veces en la puerta.
La madera al suelo, la amplia biblioteca.

Serán tus libros, para quién.
Leerá quién tu elección en los estantes.

Tu camisa a cuadros, haber visto
por descuido alguna vez

el frágil cuerpo.

Serán tus horas tantas
dadas a que ocurra en los ausentes.

Seré yo misma reclinada por la voz.

Aquellas veces que así fueron, 
sería lo que hiciera con aquello.


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Pronto

Alguno escribió en mis días.

Probaba por él las tardes de un invierno
corrido con su nombre.

Estuvo a la letra.

También yo estuve algún tiempo
en sus cajones. 

Acompañamos las migas y el silencio
como los hermanos.

Hago pregunta; qué premiamos
ante los ojos.

No sin palabras, tendemos los brazos
hacia aquél

aun si hubiera nadie.



Abandona tu llego; voy

Abrió cuadernos en mi tarde
entre líneas, seguí su ojo alto y hueco

iba por sus letras 
donde se aburre el elogio.

Imité sus gestos, los muertos zapatos 
de su presencia.

Al techo donde ponemos las estrellas
hago llegar septiembre.

Querido aquel, oye 
lo que del año no tuvimos.

Alimentaste a quien no dijo sí, 
a quien no retiró la boca entre tus dedos.

De vida están hechos los cercanos
junto a los mismos, sin aviso del milagro, 

amanecemos desprovistos.

Pero y es que no comprendo  
de qué se hace la voz,

de qué vuelve el que no vino.