martes, 8 de abril de 2014

Reflexiones

El poeta siempre tiene precursores y está ligado a su precursor,
no tanto por la tradición como por la negación.
Shklovski

Es más fácil poner la comida delante, que hacer la boca decir. 
En los últimos tiempos elegí el camino más difícil y adelgacé. 
Me lo dicen las personas en los reencuentros. 
Ana, la moza de La Academia, dijo: eras una chica tan vital
Hablamos de sus años, de los míos, de sus horas de trabajo,
de mis horas de estudio en el mismo bar. Hablar con una persona
de oficio diferente, permite decir cosas que no sabía. 
Por ejemplo, dejo de lado las palabras inconclusas y hablo del mundo
con una estricta referencia: los objetos.
Ana es una mujer joven, y sin embargo, dueña de una extensa familia
y de una tranquilidad feroz. Tengo apenas tres años menos que ella
y hasta el momento solo me ocupé de recrearme.
Es lógico que la suerte venga acompañada de pesadumbre. 
La sospecha es el primer elemento del drama.
Nos decimos: no podemos ser sujetos de fortuna.
Shklovski dice algo mejor: la  reticencia puede ser amenazadora
Y agrega: es amenazadora la reticencia del moribundo.
Nos sentimos morir cotidianamente. Cotidianamente no morimos. 
Resultamos seres confundidos, presentimos un cambio
y solo palpamos su negación.




Decirle algo a alguien en particular
es parecido a ser alguien que dice particularmente algo.
Lucas Brockenshire


Esto mismo lo comprendió con exactitud Shklovski
y armó una teoría al respecto.
Explica que Tolstoi leía las cartas que Rousseau le enviaba a su tía.
Cartas de amor, ordenadas bajo el título de diario íntimo. 
Solo un diario, al presuponer un decir íntimo, permite escribir ciertas cosas. 
Como confesar el amor impúdico por una tía mientras se escriben libros
prontos a editar sobre la auteligislación y la soberanía popular. 
Rousseau era un tipo intimista. Solo miente sobre sí mismo en su libro "Confesiones". 
Ahora encuentro una idea de Shklovski: En una ocasión dije que el arte es ajeno
 a la conmiseración. Pero la conmiseración y el dolor están presentes
en  Pasado y reflexiones de Guertzen; en el Héroe de nuestra época,
de Lérmontov;  en Crimen y castigo,  de Dostoyevski; en los poemas de Mayakovski
y en los poemas de Pasternak, pero se convierten en un método
para conocer la conmiseración y el dolor. El proyector no es un arma,
 pero ilumina el objetivo del ataque, cambia el paisaje.




Un buen comienzo puede ser una cita. Por ejemplo, Shklovski escribe:
Sancho panza, ese gran realista, dice que prefiere tener primero la solución
y después el enigma.
Se sabe que los rusos eran dedicados lectores. 
Hegel redobla la sensatez de Sancho Panza:
nunca se ha planteado un problema antes de su solución.
El enigma es un problema solucionado con ropa de interrogador.
A los hombres inteligentes les gusta hacerse este tipo de preguntas
mientras se ponen la camisa adecuada.
Razonar, para ellos, es encontrar lo que ya está hallado.
Nietzsche decía estas cosas, sin importar si su época contaba de oyentes.
Se califica como demente a quien desestima los oídos de las personas.
Sin embrago, el amor por los hombres fue expresado en frases incomprensibles, entregadas a la posteridad de los nuevos oídos. 
No comprender es la primera forma de escuchar.
El mundo y la gente me confunden. 
Camino por la calle sin auriculares. Sin anteojos. Sin conclusión.
Un buen final puede ser una cita: 
A él le está permitido todo. Pero se suicida, al no soportar
la inutilidad de la solución. Se puede hacer todo ¿y para qué?



La responsabilidad no tiene límites. 
El arte encuentra para todo una solución propia.
Cuántas veces a la luz de las noches blancas
hemos releído el pasado, sin justificarnos.
Shklovski

Pensé cosas como:
No estoy a favor de mí misma.
No hay causas suficientes. Lo único suficiente es el efecto.
Las explicaciones son una mala comprensión de la realidad.
La corriente sigue, como el amor, por su cuenta.
Hubiera podido dedicarme al teatro si no me hubiera dedicado a mí.
Quizá la vejez venga con una teatralidad imposible para ésta juventud charlatana.
Detrás de una palabra, ni la cosa, ni los signos, ni los hombres buenos.
No cuidar el lenguaje. Quitarle todos los antojos. 
Puede ponerse caprichoso y hogareño, como los niños mimados por sus madres. 
Como las madres justificadas por su rol.
Como los roles que usamos para siempre. 



La segunda naturaleza es lo que Hegel denomina Estado.
La institucionalidad es tan natural como la piedra, solo que no es primera 
en orden cronológico, sino segunda y requiere del trabajo de los hombres.
Todo lo posterior en Hegel es anterior lógicamente hablando.
Es cierto, no nos gustan nuestros deportes, nuestros clubes, nuestra recreación.
¿Se le puede pedir a una fábrica ser gustosa?
¿A la docencia, se le puede pedir gustar?
Anoche, en el Teatro, volví a sentir lo fundamental de ese espacio erigido en paredes, 
intercambio, puertas de entrada y horarios de salida.
Los hombres incómodos encuentran escenas para las horas de la vida.
No para la vida, sino para el tiempo que no deja de irse sin construir una unidad.